“San Martín tenía diferencias muy profundas con la élite porteña”

En Nueva historia del Cruce de los Andes el historiador habla de los costados menos conocidos de la gesta de San Martín, establece cuál fue su gran acierto al concebirla y cuestiona la “apropiación” que Mitre hizo de su figura.

Gustavo Camogli es un joven historiador y periodista interesado en revisitar, reinterpretar e iluminar algunas zonas desconocidas de la gesta sanmartiniana. Apegado a una comprensión histórica encarnada en las luchas colectivas y en el liderazgo de próceres de carne y hueso que supieron representar los clamores y derechos populares, ajeno a las operaciones proclives al mármol oportunista y al canon que vacía de contenido la humanidad intensa, fructífera y poderosa de los padres de la independencia latinoamericana.
En coincidencia con un nuevo aniversario del fallecimiento del libertador de la Argentina, Chile y Perú, Camogli acaba de publicar un libro que esclarece e incorpora elementos y datos reveladores de lo que fue la epopeya andina que derivó en la batalla de Chacabuco. Con un espíritu didáctico y una prosa que entrecruza la crónica con el análisis, Nueva historia del cruce de los Andes, editado por Aguilar, refleja el renaciente interés de las nuevas camadas por adentrarse en las guerras de independencia y aporta nuevos datos de importancia.
La actualidad de la región, los distintos bicentenarios patrios que llegaron en un contexto de resignificación del ideal de Patria Grande,   principales puntos de motivación para este misionero que charló con Tiempo Argentino sobre su obra, explicó el contexto social y político en el que se enmarcó el Cruce de los Andes, resaltó las diferencias de San Martín con la élite porteña y cuestionó la operación que realizó Bartolomé Mitre con la figura del hombre nacido en Yapeyú.
–¿Qué te llevó a interesarte por un acontecimiento histórico tan comentado y documentado como el Cruce de los Andes que encabezó José de San Martín?
–La experiencia de haber vivido en Mendoza, durante seis años, me puso en contacto directo con la cordillera de los Andes y con todos los lugares en los que San Martín formó el ejército. Me nació la necesidad de contar lo que hicieron estos tipos para cruzar la cordillera. Pensar que hace 200 años, 4000 tipos cargados de mulas, de equipaje, de cañones, de balas, de comida, cruzaron pelando para llegar a la batalla de Chacabuco. Y, además, la cruzaron por algo tan elevado como la ideología revolucionaria. Se habla mucho del Cruce a la hora de analizar la vida de San Martín y da la sensación de que él hizo todo y que nadie lo ayudó. Pero, para hacer una operación de ese tipo hay que contar con la colaboración de miles de personas. Entonces trato de contar quiénes fueron sus principales colaboradores y asesores más cercanos, qué aporte hizo cada sector social. La idea fue analizar el contexto en que se desarrolló la formación del ejército e intentar profundizar en algunos t emas de los que se sabe poco y nada.
–¿Qué vínculos encontraste entre el Cruce de los Andes y el contexto político, social y económico de ese entonces?
–La genialidad de San Martín pasó por utilizar el sentido común ante cada encrucijada que se le presentaba. Cuando va al Alto Perú y conoce la realidad militar de esa zona, descubre que por ahí no se va a avanzar en términos militares y que la revolución necesita otra solución estratégica para alcanzar sus objetivos. Empieza a masticar la posibilidad de que el camino sea por Chile y una operación anfibia sobre Perú. Hasta octubre de 1814, la revolución en Chile estaba todavía triunfante hasta que sucede el desastre de Rancagua. El cambio de escenario político y militar lo obliga a San Martín a pensar en un gran ejército para recuperar Chile y pasar después a Perú. Había varios planes de cruce en la época y San Martín los conocía. La originalidad está en la aplicación del sentido común y en las dimensiones del ejército que termina realizando el cruce. San Martín toma conciencia de que Buenos Aires no puede obtener recursos, los estrategas del poder central están muy apegados a la campaña en el Alto Perú y la única alternativa que le queda es conformar el ejército desde Mendoza.
–¿Cuáles eran las diferencias de San Martín con la elite porteña?
–Eran diferencias claramente políticas e ideológicas. San Martín tenía un proyecto mucho más profundo que la élite de Buenos Aires que pretendía heredar el poder colonial sin transformar la sociedad. Por eso los conflictos con el artiguismo, con el Litoral y con el propio San Martín que siempre fue muy independiente y autónomo respecto a los poderes centrales. Privilegió siempre a sus tropas y a la población que le tocó gobernar en Cuyo. Esa independencia era mal vista en Buenos Aires. La tensión se confirma en el ’19. En aquel momento, el directorio porteño ordena a San Martín y al ejército del Alto Perú que vuelvan para luchar contra el artiguismo. El ejército del Alto Perú retorna pero San Martín se niega a acatar la orden, renuncia a su cargo de general del ejército de las Provincias Unidas y asume el cargo de general del ejército chileno y con ese cargo va a pelear por la libertad de Chile. Considera que no podía predominar la lucha interna con respecto a la lucha fundamental ,que era la independencia del yugo español.
–¿Cómo era la relación de San Martín con los caudillos federales?
–En el ’19 va a intentar mediar entre Buenos Aires, Estanislao López y Francisco Ramírez. Buenos Aires se niega pero las provincias federales lo aceptan como mediador. López le va a decir que si quiere ir hacia Buenos Aires que les avise, que ellos lo van a esperar con toda la gente y lo van a llevar en andas hasta la ciudad. Lo reconocieron como una especie de líder en la disputa con Buenos Aires. Cuando San Martín vuelve después de todas sus campañas del encuentro con Bolívar en Guayaquil, tiene que irse nuevamente porque los rivadavianos lo están cercando, le espían la correspondencia, lo ningunean. Se va Europa y decide volver cuando los federales acceden al poder con Manuel Dorrego y cuando llega se encuentra con la noticia de que Dorrego había sido fusilado por Lavalle, un general sin cabeza formado en la escuela sanmartiniana pero que, evidentemente, aprendió mucho en términos militares pero nada en términos ideológicos. En esa circunstancia, San Martín decide no bajar en Buenos Aires.
–¿Por qué considera que la historiografía liberal dominante buscó erigir un San Martín más cercano al héroe divino que al personaje de carne y hueso?
–La élite liberal pretendió dotar a la naciente nación de un pasado glorioso y lo más glorioso eran San Martín y el Cruce de los Andes. El problema que encontró Mitre a la hora de escribir la Historia de San Martín es que el libertador tenía poco que ver con la ideología liberal y unitaria que pregonaba Mitre y que pregonó Rivadavía. La única alternativa que le quedó a Mitre fue vaciar de contenido la figura de San Martín y la gesta de los Andes, que tenía un fin político. Con esa operación de vaciamiento, Mitre logra colocar en el mismo panteón de próceres a San Martín y a Rivadavia que eran enemigos acérrimos. San Martín lo llegó a retar a duelo a Rivadavia. El problema es que esa interpretación de la historia se repitió con el tiempo y las generaciones siguientes de historiadores siguieron replicando esa misma interpretación sin reflexionarla ni revisarla.
–¿Cuál es la actualidad de su libro?
–La historia se escribe desde el presente. Le planteamos preguntas al pasado desde el presente y en esta actualidad de Latinoamérica uno ve que esa utopía de la Patria Grande está en construcción nuevamente después de mucho tiempo. Hay una integración cada vez más marcada entre los países, donde los presidentes se sienten como amigos y hermanos. La Argentina se siente parte del continente y los argentinos dejamos de pensar que somos Europa en América. Todo este contexto nos invita a rever nuestro pasado para entender cuáles son las fuentes de lo que está pasando en la actualidad porque nuestra integración viene desde hace 200 años. Y también para entender a qué responde ese fervor de Patria Grande y las referencias constantes a esos tiempos de revolución e independencia que hacen Chávez, Correa, Cristina y Evo Morales. Los pueblos de Latinoamérica hoy se sienten muy hermanados e integrados.

Por Tomás Forster

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